La Internet y los otakus (segunda parte)

Volviendo a un tema menos serio, decía que una de las formas de usar la Internet –ya no tan educativamente- se da en las cosas no contemplados dentro de las normas de conducta de un buen niño/a de Mamá, como ver al sexo opuesto en la vestimenta más barata que hay, o sea la de pellejo… calatita por si no entendiste, o también calatito (Ellas y ellos no se “salvan”).

Claro para poder ver este tipo de cosas, aparte de plata, no puedes darte el lujo de tener vergüenza. Y si llegaste a poseer ese defecto, no se queda otra que acatar las reglas que Heitai no Kamisama (un pata mío) invento para estos casos. Y son:

1. Trata de que nadie te conozca en el local
2. Escoge siempre la cabina más alejada de los demás (cada lugar tiene por lo menos uno de esos lugares, para gente como tú)
3. Toma unas clases de Internet antes de pedir ayuda
4. Si no pudiste cumplir lo anterior, entonces trata de disimular la cara de perdido que seguramente vas a poner. Eso si NUNCA pero NUNCA estés con las manos bajo la computadora (Da mala impresión, ya que puede llegar a interpretarse de otra manera). Tampoco entres al baño, aguántate.
5. Coloca los parlantes en “MUTE”, por si te cruzas con algún video de ésos en que las actrices son asmáticas.
6. No dejes que nadie ocupe parte del espacio que te corresponde. Siempre el del costado sentirá el morboso deseo de pescarte “in fraganti”.
7. Trata de llevar poca plata, así no tendrás la oportunidad de enviciarte (Porque una vez que agarras viada, eres capaz de dejar hasta tus zapatillas por media hora más).
8. Si el encargado es mujer trata de no hablar con ella.
9. Si te descubren y se ríen a tus espaldas, toma una posición firme y decorosa (No se te ocurra salir corriendo antes de terminar tu tiempo, porque es peor).

Si todos siguieran estas simples reglas, no tendrían problemas como los que le paso a un conocido mío:

Sucede que el pata, al que llamaré Jorge, le pasaron el dato de una dirección de Internet. Aunque en ese tiempo el pata se hacia bolas hasta para usar una calculadora, quiso probar suerte, y buscando encontró un lugar en el que imagino nadie conocido lo vería, el mismo que estaba en la esquina de su casa (regla 1). Al entrar y verlo prácticamente lleno, se desanimo un poco y más aun ver que todos los monitores se veían desde el pasadizo… todos excepto uno, que estaba ubicado en una solitaria esquina (regla 2). Pero para mala suerte estaba ocupada. Así, no tuvo otra que esperar turno. Y fue en ese momento en que empezó a quebrar los mandamientos antes estipulados:
– Disculpe, SEÑORITA (regla 9) ¿A qué hora se va a desocupar la cabina 4?
La encargada lo miro con ojos extrañados.
– Joven, hay varias que están desocupada, si gusta puede ocupar cualquiera (Lo dijo en tono tan firme que varias personas empezaron a notar su presencia).
– ¡No, gracias, prefiero la 4!
– No se preocupe todas las PCs tienen la misma velocidad.
– Si, puede que sean iguales, pero prefiero la 4.
– No entiendo porque insiste en ocupar la 4 (La gente empezaba a murmurar)
– Es que, mire, yo voy a ver cosas que no quiero que los demás vean.
– ¿Qué cosas?
– A estas alturas, Jorge ya maldecía hasta la quinta generación de la maldita.
– Verá son cosas algo personales. Mire voy a ver dibujos que…
– Dibujos, que lindo, justamente la señora de la 9 está viendo con su hijita unos de Disney. Si quiere puede ponerse al lado de ella.
– ¡NO! Es que lo dibujos que yo voy a ver son algo así como… con poca ropa.
– ¡Ya se Tarzán! La otra vez vino un niño preguntando dónde podría buscar algo de la película. Un ratito por acá lo tengo (¡No, maldita de m!)
– Usted no entiende, son… hentai…
Luego de un momento, la señorita puso los ojos como un par de huevos fritos y le respondió en un tono despectivo.
– Ah, hen…
– ¡Eso!… ¡Sí! (Al fin entendió, pero no lo diga tan fuerte)
Con un tono visiblemente empapado en asco, le dijo:
– La que usted quiere se desocupa en una hora ¿Va esperar?
– Si, espero
– Siéntese por allí… enfermo (susurro)
– ¡¿Qué?!
– Nada

Así que no tuvo otra y esperó. A los pocos minutos la noticia ya estaba corriendo. Jorge notó como la chica cuchicheaba cosas con sus compañeras, las que luego lo miraban y reían (regla 10), pero él aguanto como buen articulista de esta revis… digo, heroicamente.

Pasaban los minutos y las cabinas se iban desocupando… todas menos la 4, incluso llegó un momento en que sólo esa era la ocupada de las 16 disponibles.

– Maldito ¿piensas vivir ahí? ¿A qué hora vas a quitarte? Menos mal que no hay nadie, así que menos roche.

Cuando al fin la desalojaron, la ocupo de inmediato, casi por magia, las demás también se llenaron, entre una señora con sus hijas, jóvenes universitarias y hasta un cura que “chateaba” con el Vaticano, intercambiando de seguro con un colega los pecados del domingo pasado (regla 7). Toda la sangre se le subió a la cara.

– Bien ahora, ahora como funciona esto… señorita, disculpe, ¿Cómo funciona esto? (regla 3)
– Primero tiene que poner la dirección… ¿tiene la dirección?
– Tengo esta
– Díctemela
– A ver … es “www erec… (Maldita sea, qué dirección me han dado…!)
– ¿Bueno? ¿Cuál es?
Era obvio, quería despachar rápido al condenado.
– Es que… yo…
– Mira, estoy muy ocupada, no tengo tiempo para cosas, a ver dame…
– Y lo leyó en voz alta
– A ver “www erectoland…”

No terminó la frase, obviamente, pero el final se sobrentendía.
Visiblemente avergonzada, lo escribió y se retiro a pasos agigantados. Jorge estaba a puertas del suicidio. Y de la locura, cada vez que se perdía entre tanta ventana (regla 4), presionaba cualquier tecla que lo mandaba a cualquier sitio; lo llevaba a un lado, lo llevaba a otro, lo regresaba al mismo sitio, se metía en una cosa y lo enchufaban a otra. Ni loco volvería a pedir ayuda, manos aun al encontrar en el camino fotos de “señoritas” en posiciones no muy santas (de esas que te dan a conocer lo elástico y moldeable que es el cuerpo humano).

Finalmente, encontró un ícono que decía que decía VideoSex en español
Por fin algo bueno, pensó.

Presiono teclas al tanteo, y después de recibir el aviso que había terminado de cargar, presiono inocentemente START. En medio de la emoción, no había notado que el parlante (regla 6) tenía volumen a 1600 KW, ya que el salvaje que había ocupado la cabina anteriormente había vuelto requesón su cerebro escuchando rock pesado de ultratumba. Así, del parlante salió de golpe, y sin avisar, una voz chillona de los labios de una joven animada (animada porque era dibujo y por el asunto que tú ya sabes), con un inconfundible dijo español. Esta, con gran entusiasmo y deseo de superación grito:

– NO, POR EL C… (Palabra recontra censurada por el Editor)… ¡OH, NO! ¡POR AHÍ NO, NOOO…!

(Obviamente, lo dijo al sentir la yuxtaposición de un objeto contundente dentro de una parte de su anatomía que no voy a entrar a detallar).
Esa fue la última vez que se le volvió a ver por esos lares. Me entere mucho después por boca de una de las encargadas que el local fue exorcizado inmediatamente por el cura allí presente, y que la señora todavía va al psiquiatra dos veces por semana, después de recoger a sus hijas del colegio (a quienes no les choco porque una amiga les había contado algo del asunto). Además, aún están buscando al pata para que cancele las 5 horas (regla 8) que gasto miserablemente en el vicio.

Esta historia es real: le sucedió al amigo de un amigo. Hoy en día, Jorge se dedica a escribir una sección de preguntas y respuestas en una revista nacional de anime. Y ya no usa más la Internet; ahora prefiere escuchar su walkman sentado en una escalera y pensando cochinadas de los socios y socias de cierto club de anime.

Fin… Si, ya se acabo.

(Este documento fue sometido a la censura preventiva del Comité Editorial, porque el miserable Panda le hacía mucha cachita a uno de los Editores)