La gente que chambea en NERV (Sólo para tus ojos – segunda parte)

Misato Katsuragi: “Acá tomamos sake, acá tomamos sake, y nunca nos van a cambiar”. La expre­sión “Kanpai” (salud en ponjanés) se me viene a la mente cuando pienso en la oficial de tácticas de Nerv. Aunque no lo crean es políglota, o sea, conoce varias lenguas (la de Kaji, la de Shinji, la de Makoto, las de todo el servicio de limpieza de Nerv, ¿quieres que si­ga?). Ya hablando más seriamente de sus habilida­des como vocero de Nerv, se diría que posee gran capaci­dad lingüística; sabe decir, por ejemplo: “Mosai­co, un par de chelas bien al polo”, en diez idiomas. Di­cen los entendidos respecto de esa escena donde al fin ella iba a concretar con Shinji sus más bajas pasio­nes pedofílicas -luego de que el firme se le murió- que el boludo simplemente la choteó con asco, así que se la descombró con el suertudo, digo, con el pobre de Pen Pen. Luego de tan traumante y extenuante experien­cia, sucedió un milagro: el pingüino aprendió a sumar (“más, más, más”). Unica superviviente del Segundo Impacto (cuando su viejo se dio cuenta de que ya no entraban los dos, le faltaron fuerzas para sacarla). Que­dó traumatizada y sin habla por casi dos años. Todo un récord para una mujer, porque lo que es yo solo conocí a una que dejó de hablar por unos 20 segun­dos por voluntad propia (aunque el que se estuviera ahogando con una pepa de mango influyó alguito).
Entabló una cercana rela­ción con Kaji desde la univer­sidad hasta Nerv y con él tuvo marcados encuentros extra­maritales, que si bien no mostraron esce­nas, el sonido estéreo estuvo buenazo (creo que ya están vendiendo en CD la banda sonora, aprove­cha). Hobby: Hacer de “La titular” en comer­ciales de cerveza (le pagan con muestras).

Gendou Ikari: Arribista consumado. Se enredó con Yui para subir socialmente y dejar la vida de pirañita viejo que llevaba antes de conocerla. Tomando a Hitler como inspiración, desempeñará muy bien el cargo de comandante en jefe de Nerv y del proyecto Marduk que le otorgara Seele. Con una postura toda mostra -digna de los más altos gobernantes militares- controla todo el Geo Front desde su asiento adaptado exclusivamente para mantener acondicionada esa zona en particular mientras toma las fáciles decisiones de quién vive o muere. Le gustó eso de usar a las mujeres para lograr sus objetivos, así que después de Yui la siguió con Naoko Akagi -a quien premió por la creación de Magi- y luego se desquitó con su hija Ritsuko. No satisfecho de haber usado a estas tres, buscó luego en Rei las cosas que el mismo Fujutsuki, por más que trató, no pudo darle. Es frío, cruel y calculador, malvado perverso y desalmado, en resumen, ideal para rajón de animes. Todos son carne de cañón para él, y demostró haberle vendido a Seele la poca alma que le quedaba. Tuvo un hijo que no se ve como él ni no se porta como él; es más, pongo en tela de juicio su paternidad basándome en cómo pudo salirle un producto con tantos defectos de fábrica. No diría “por favor” así la total existencia del mundo dependiera de ello. Hobby: jugar a las manitas calientes.

Ritsuko Akagi: Jefe del área 51, perdón, del área científica de Nerv (caramba con los errores. ¡Patrón azul!. ¡Patrón azul!. ¡AT-field detectado!. ¡Virus en proceso!. ¡Es Iruel!. ¡NOOOOOo!). Lapsus. Sabe tanto de los secretos de Nerv como el mismo Ikari. Heredó, a la muerte de su madre, el trabajo de ésta y aparte el ser el juguete sexual de Gendou. Tomó ambos cargos después del pequeño incidente en que su madre se envolvió con Rei I. En él, la tía (Naoko Akagi), aprieta sin querer el cuello de Rei hasta que la enana pasa a mejor vida (ejemplo de por qué nunca hay que decirle bruja a una tía aunque lo parezca). Se pintó el cabello para no parecerse a su madre, para disimular las canas que ya le estaban apareciendo y porque, según dicen, las rubias se divierten más. Tiene una fascinación algo morbosa con los gatos. Se especula que el esbirro que mató a Kaji fue ella. Al final se dará cuenta de que Gendou es una basura y se rebelará tanto ante él como ante sus amigos; algo tarde, ya que debió sospechar que Gendou no la quería cada vez que al estar en la intimidad se tenía que poner una máscara de Yui.

Fuyutsuki: Antiguo profesor de universidad de Yui. Intentó poner a la luz los planes de Seele en relación con el destino de la humanidad, pero fue convencido por fuertes motivos (dinero) de que el trabajo que hacían era por el bien de todos. A la larga, se convirtió en la mano derecha de Gendou, aunque luego tuvo que pasarse a la izquierda porque Adán ocupó ese sitio. Éste (Fuyutsuki, no Adán) lo cubría en el puesto cada vez que el anterior se daba sus escapadas cuando la cosa se ponía fea. Parece que amaba a Yui en secreto.

Kaji: Triple agente de Nerv, Seele y del mismo gobierno central. Antiguo marinovio de Misato. Logra descubrir algunos de los secretos de Nerv y sembraba sandias en un mini huerto; lo más cerca que se le vio del líquido elemento fue cuando las regaba. Es la obsesión de Asuka, pero éste demostró su temple al no hacerle caso a la chata (aprende, Darien).
YUI: Madre de Shinji. Tuvo la mala idea de morirse antes de enseñarle a su vástago que no era bueno jugar con Barbies porque después se pegan unas manías y una forma de caminar algo preocupantes para un chico de su edad. Solamente dos seres le hicieron perder a Gendou la cabeza: ella y el Eva 01. Prestó su vida en aras de la ciencia al ser absorbida durante una prueba por el Eva y después al ser usada para la creación de las series de Rei (no le pagaron regalías por usar su cara).

Naoko Akagi: Creadora de la supercomputadora MAGI, la cual no sólo tiene el control del Geo Front, sino también del Gobierno de Tokio 3. La dotó de las diferentes partes de su personalidad: la de mujer, la de científica y la de madre (eso de que una mujer tenga el control de un gobierno da miedo). Las tres están en una constante pelea de comadres por el control de toda la unidad. Monólogo de MAGI: MADRE: “Qué linda es mi hijita, tan inocente”. MUJER: “Sí, tarada, no te das cuenta de que se le está echando a Gendou. Se fregó porque no quise explotar, Ji, Ji, Ji”. MADRE: “Y yo que le iba a leer su libro favorito”. CIENTÍFICA: “Masaka. Si en este momento no tuviera un exceso de plomo en el cuerpo, estaría fuera de las instalaciones en un local de mala muerte, bailando encima de una mesa con 400 ml de alcohol en el cuerpo y se entregaría al primero que le dijera hola. En conclusión, creo que salió a nosotras la condenada”. Fue amante de Gendou incluso antes de la muerte de Yui; algunos pasajes: Naoko: “Gendou, estuviste maravilloso. ¿Qué te pareció? Y Gendou siempre tan romántico: “¿Ya acabaste? Tengo algo que hacer a las tres”.

A pedido personal del Panda, co­lo­camos es­te mes uno de sus dis­fra­ces favo­ritos, y el que más suspiros ha arran­cado de sus admiradores (sin comentarios…). Y el mes que viene, no te pierdas el final de este raje.

Sólo para tus ojos (cualquiera de los siete)

Cuando era niño, recuerdo cómo las viejas del barrio nos asustaban con eso del fin del mundo cada vez que, por sentido artístico, rompíamos una ventana jugando pelota. Esta anécdota la recuerdo ahora, después de mucho tiempo, cada vez que escucho comentarios de que, según las profecías de Nosfregamus, la Kábala, la Tinka y demás, hay miles que están convencidos de que la humanidad no llega a fin de año. Los mismos hacen hasta lo imposible para borrar todas las cochinadas que han hecho para entrar al cielo. Obviamente, las teorías más “científicas” que el común de la gente llega a creer vienen del tipo de personas como el Huachano o las Mentes Gemelas. Pero lo que más me causó gracia fue cuando me enteré de que algunas personas recontra archi hinchas de Evangelion (de ésos que venden su alma para conseguirse “The Red Book”) esperaron -en vano, obviamente- la venida del Segundo Impacto el 14 de setiembre del año pasado. Ahora no saben cómo explicar el hueco que hicieron en el piso del jardín -porque vendieron los muebles de su casa- ni por qué desaparecieron las revistas de Play Boy del abuelo (junto con la señorita verano 79). Mala suerte para ellos. Cosas como ésas me animaron a rajar de esta serie. Eso sí, la zoología ha demostrado que si bien el Cataclismo Universal a la mayoría nos reducirá a nuestro mínimo elemento, sólo se salvarían las ratas, cucarachas y uno que otro articulista de ésos que hacen cosas tan originales como copiar el trabajo de otros.
Ahora que todo esto ya pasó, los que en todo el mundo y a mandíbula batiente afirmaban que faltaba poco para que el mundo se fuera al diablo y nos decían tontos por no estar en un refugio a 200 metros bajo tierra, han impuesto la moda de salir a la calle con una bolsa de papel en la cabeza. Y claro, como esto de reírse de los anteriores ya se acabó, no tienen otra cosa que hacer que atacar a nuestra pobre serie Ranma, diciendo que es una serie de dobles filos, que es satánica y demás tonterías. No quieren entender que “El que no sabe, mejor no opine”. Además, sólo quienes gustamos de la serie podemos rajar de ella.

Prólogo: Un día en que el señor Anno pensaba qué otra co­sa podría crear que lo siga catalogando como el niño ma­lo del anime, hizo un recuento de sus obras: “Con Otaku no video me reí del fanatismo de los que me dan de comer. Con Gun­buster me burlé de la gente obtusa que cree que velocidad luz es correr con un fósforo encendido. Ahora lo único que me falta es hacer mella en las creencias. ¡Sí!, gol­pearé los dogmas y pi­sotearé su cuestión lógica; para eso debo crear mi propia reli­gión, una en donde todos me adoren y cargen mi imagen en un Mikoshi por generacio­nes. ¡SÍ, JO, JO, JO, JO, JO, JO! ¡Qué malo soy!”.
Y así, conjuró a todos sus generales y esbirros del mal a o­bli­garlos a hacer un casting mental y recrear a los perso­na­jes que encajen en su proyecto, con el único requisito de que tuvie­ran paltas mentales con un familiar. Pasó así el tiem­po con uno que otro problema de dinero y errores de continuidad, pero ter­mi­nó 24 capítulos llenos de psicología pura. Y ya al finalizar los dos últimos episodios, el cerebro no le daba para más. Sin em­bargo, los fanáticos (perdón, Jorge, los aficionados) le exigieron extasiados aclarar las rocas pendientes, y el señor Anno se di­jo: “¡Éstos se la cre­ye­ron más que yo mismo, maldita sea! ¡Ten­gan una vida monstruos, ellos no existen, yo los inventé! ¡Miren, ella es la voz de Rei! ¡La voy a manosear para que vean que es de verdad! (¡Iaah, atrevido!). ¡Qué, ¿aún no me creen?! ¡Todos Uds. me llegan a mi apellido!”. Y así, a regañadientes y con cin­co venoclisis y veinte enfermeras al lado de su cama, tuvo las fuerzas para complacerlos dejándolos misios con “Death” y sico­seándolos con “Air” y “Magokoro wo kimi ni”, películas que finalizaron esta enigmática serie, aunque a algunos nos dejó más confundidos que al principio.
En mi conciencia queda que todo lo escrito es la verdad, aun­que algunos en su necedad no quieran admitirlo.

Importante: Esta información está clasificada como se­cre­ta; su uso indiscriminado será penalizado por la insti­tución a quien le competa. Por lo tanto, léalo sentado, de a poquitos y bien comido. Luego incinérelo, o úselo en el baño. Queda en su conciencia.

Rei Ayanami II: La primera chica. Kamikaze de expe­rien­cia y masoquista de profesión. Toda orden para ella es ley sin importar lo descabellada o estúpida que sea. Es más, es la pri­mera en levantar la mano para misiones sui­cidas, y si hay po­cas posibilidades de regresar con vida, me­jor aún. Se considera remplazable (como las muñecas inflables después del quinto uso; bueno eso me han dicho). Ejemplo claro de que le “llega” el mundo que le rodea (la popular teoría del “me da igual”) es el episodio en donde, por circunstancias del destino, termina de­ba­jo de nuestro an­ti­héroe, sin inmutarse en lo mas mínimo cuan­do éste le presionaba con su zurda el “membrillo derecho” (por no po­ner una palabra vulgar de ésas que te tachan a la primera de obSeno). ¿Por qué no conozco chicas así?. Hablar con ella es comparable sólo con entablar un exhaustivo monó­logo con tu psicóloco de cabecera o con un muro (que tal aho­rro de seiyuu). Luego se descubriría que las hacían en serie. Si Nerv llegaba alguna vez a necesitar presupuesto para la fabri­cación de Evangeliones, una de sus soluciones iba a ser recur­searse con la venta de éstas por telemerca­do bajo el marke­ting de: “La enamorada ideal”, la que no habla, no protesta y siempre responderá “Sí, cariño”, “Tú siempre tienes la razón”, “No, no me molesta que veas a otras chicas”, etc. (sin baterías incluidas). Todo niño grande debería tener una. Hobby: animar fiestas infantiles junto con despedidas de soltero.

-Rei I: Fue muerta por Naoko Akagi, a consecuencia de que le sobrepuso un adjetivo particular referido a la circuns­tancia de que ya estaba tía.

-Rei III: Ésta no era sumisa como la II y le importaba más su pellejo. Se rebeló ante Gendou justo cuando éste pensaba que ya la tenía ganada (todo por tener las manos frías). Era un modelo desarmable (disponible en su Librería Sugoi. Centro Comercial Arenales, tienda 5-22, etc., etc.).
-REI IV para adelante: Mientras los demás ganaban con es­fuerzo sus frejoles en la serie, éstas nadaban alegremen­te y sin preocupaciones en su Mar Rojo artificial, esperando a que la de guardia se muriera para que les pasaran sus tan divertidos re­cuer­dos. Uno de los secretos más guarda­dos de la serie fue el uso de sus restos, después de que Ritsuko las matara dentro del tanque, como relleno de hamburguesa en la cafetería de Nerv.

Asuka Langley: La segunda chica. Ya ven lo que pasa cuando se malogra el televisor. Esta recatada chica tiene lo me­jor de dos culturas: la nipona y la yankee (de­sa­yuno: café con leche, pan con sushi y una dona). De personalidad dominante y nada austera, esconde detrás de una cara de “Yo soy mejor que tú, lero, lero… Tú eres tercermundista”, un alter ego muy débil. Con un carácter que la hace firme candidata a desves­tir santos, no pierde oportunidad para recordarle al mundo que ella es perfec­ta y el resto una porquería. Cuando era niña vio como su vieja jugaba a la piñata, suceso que no la dejó bien del coco. La versión original del disco láser dice que es uni­versitaria y domina temas tan complejos como ha­cer que seque el esmalte de uñas sin usar la técnica de es­pantar moscas o que no se les corra el maquillaje cuan­do mo­quean en plena boda de su pariente más fea y demás co­sas que las mujeres toman como de vida o muer­te. Termi­na por órdenes de Seele en una escuela llena de retrasados mentales como Shinji y Rei. Fuentes extra­oficia­les de Gainax me confiaron que todo se debió al escándalo produ­cido por las relaciones extracurriculares que sostenía con sus profesores de universidad para poder pasar invicta los cursos (que eran como veinte, así que era harta cham­ba). Posee un físico que enloquecería al más recatado y del cual está orgullosa, por lo que no tiene pro­ble­ma en mostrar diferen­tes partes del mismo sin pudor ni vacilación alguna (insisto ¿por qué no conozco chicas así?). Dicen por allí que, como Nerv se negó a pagarle la colegiatura, contrabandeaba su cuerpo en la escuela (ven­dien­do sus fotos en ropa interior claro, qué pensa­ban). Hobby: coleccionar películas de Chuky el muñeco diabólico.

Shinji Ikari: tercera chica, digo, el tercer chico (discul­pen, costumbre de las dos anteriores). Éste es un ejemplo de algo muy claro: no porque el doctor te diga en la sala de partos que fue varón, tienes toda la seguridad de que lo es. Se trata más bien del hijo de una mujer fusionada con un Eva y un padre de ésos que más los recuerdas en el día de la “madre”. Abandona­do por él desde pequeño por ocupar­se de otras cosas más im­portantes, buscó una figura pater­na en su profesor de crianza y posteriormente en Kaworu (aunque ese punto se tocará más ade­lante). En el fondo quie­re acercarse a la gente para no estar solo como un pe­rro, pero a la vez las multitudes -o sea, alguien aparte de él- lo incomodan (?). Aun estando cerca de su padre, éste ordenó que Misato se convirtiera en tutora del bienamado (aunque más parecía que éste la cuidaba a ella). Para esto, Shinji pagaba el hospedaje de ser su cuasi esclavo, obligado por un democrático juego de regidas a lavar, cocinar, barrer y demás tareas domésticas (cosas que por haber jugado mucho a la cocinita de niño le fue fácil hacer). Dueño de una sorprenden­te sincronización, fue usado como cobayo por su viejo para pilo­tear un Eva que nadie sabía si iba a funcionar; es más, sin nin­gún tipo de entrenamiento y ni siquiera un miserable manual de instrucciones, de ésos que te dicen: “En caso de Berserk llame a nuestro centro de mantenimiento más cercano”. Uno que pasa de los veinte no tiene ni brevete y éste ya está piloteando un arma de destrucción masiva, no vale. Hobby: volar cometa sin viento.

¡Me quedé sin espacio!… Nos vemos el próximo mes (el siguiente también, porque ha escrito bastante el panda), con más de este raje hereje.

La Historia Negra de todo lo que no nos gusta

¿Les comenté que el Oso Panda entró en una secta religiosa? ¿Ah, no?… Bueno, vean lo que anda escribiendo nuestro amiguito…

La compañía Bik Shueisma Animeishion es una de las más exitosas en China, Japón, Korea y parte del Vaticano. Es además la creadora de la mayoría de dibujos animados que se transmiten en el ámbito mun­dial, tales como Los Thundercats, Los caballeros del Zodíaco, Senky, Sailor Moon, ¡Oh, qué vida de perros!, La pequeña Lulú, etc. Dicha firma ha sido gestora del dibujo animado de mayor éxito en relación con sus haberes, pues le ha dado y le sigue dando millonarias ganancias (cuando a nosotros sólo nos atracan cuando vendemos lotes separados para el cielo, qué envidia). Con esta base en mente, hablaremos del famosísimo Dragon Ball. ¿Quién no ha escuchado hablar de este dibujo animado?, que por cierto ha atrapado a miles de niños a nivel mundial, incluso a adolescentes y jóvenes. Pero, ¿por qué está sucediendo esto? ¿Será porque es una serie bonita, entretenida y con gran fondo moral? ¡NO! Lo que pasa es que la compañía en cuestión tiene a Satanás como accionista mayoritario, pues los creado­res de los diferentes animes antes mencionados hacen pacto con el diablo.

Ahí tienen a Moon-Ra, de los Thundercats, que incita a nuestros niños a creer en dioses paganos. Los caba­lle­ros del Zodiaco buscan, por su lado, que los niños crean que existe otro ser tan grande como el Supremo Todopoderoso, y que sólo él es capaz de desafiar a la muerte. Senky nos enseña a cada momen­to el Pentá­gono y la Hui­ja (con la que se llama al cuco). Sailor Moon, unas niñas en fal­das subida­men­te inde­cen­tes, luchan por el amor y la justicia. ¿Lo ven? Luchan por lograr que “hacer el amor” sea algo libre y sin tapujos… ¡Otro Sodoma y Gomorra!, un lugar en el que puedan calmar la ebullición hormonal de sus adoles­centes cuer­pos con el primer enmas­carado con capa que les ofrezca una rosa. Dígan­me, ¿eso es para niños?

Volviendo a Dragon Ball, decíamos que sus creadores van todos los años a una colonia llamada Milk, situada al sur de China, en donde se guasquean hasta las 7 de la mañana (y sin invitar). Ésta se caracte­ri­za por que todos sus habitantes son brujos, hechiceros, espiritistas, huachanos, mentes gemelas, y demás. Es una colonia con el mismo Satanás de alcalde, a la cual sus creadores van para pedir por el éxito de sus dibujos y ofrecen al maligno un sacrificio de cinco pero-perros y 3 gatos tuertos. Aparte, sus vidas le pertenecen al gobierno (o al diablo, que es lo mismo).

Tomando como ejemplo el mencionado, usted sacará sus propias conclusiones luego de informarle el signifi­cado de algunas palabras:

Dragon Ball.- Significa “La bestia está en venida. Casi llega. Está por allí. Ya llegó”.
Aquí sobresale un excelente peleador de artes marciales llamado Kakaroto, que quiere decir: “Ya le perteneces al diablo, compare”. Éste pertenece al mundo de los sayayinos; en algunos lugares orientales, a los endemoniados o poseídos por la nueva ola ( o la chin-chin manía), se les llama sayayines.
Damos algunos significados de los ataques:
Hame Hame Ha.- Ésta es una palabra que los espiri­tistas chinos utilizan cuando entran al baño a echar por la taza de porcelana el asunto que ya te habrás imagi­nado, palabra que los llena de poder para el empuje final.
KayOken: es una poderosa fuerza maligna que el diablo les da a los espiritistas chinos cuando quieren ascender a un nivel más alto (gerente o vicepresidente en la mayo­ría de los casos). Para tal fin, el condenado deberá retirarse por 6 días a un lugar apartado y solitario con su pata el diablo, de modo que ambos puedan estar más sólitos y juntitos y, bueno, pase lo que tenga que pasar (algo tienen que dar por ganar un ascenso, ¿no es verdad?).
Ya se explicó todo el rollo de que en Milk se reúnen y bla, bla, bla, pues ése precisamente es el nombre de la esposa de Goku. Es en este lugar donde los brujos se reúnen los días martes y viernes para realizar sus ritos ocultos (sólo esos días, ya que el resto de la semana el sitio se alquila para polladas bailables). Además, el sue­gro de Goku se llama Oxsatan, el cual posee cuernos y, por asociacion lógica, significa “El Santo Cachón”.
Sus amigos no se salvan de este trabalenguas verbal, que son:
Piccoro: o “Rey maligno de otro mundo”. Esto nos dice que el infierno es un lugar espléndido (pero sólo en invierno, porque en verano hace un calor de la …).
Ten Shinman: Es el nombre de un demonio de los brujos, el cual está presente en todo lugar y los protege día y noche las 24 horas, hasta en Fiestas Patrias, Navidad y fin de año. Por tal razón, tiene tres ojos con los cuales ve todo (ya sabes, ponle doble seguro al baño).
También encontramos algunos nombres de dioses o maestros, los cuales mucho tienen que decir:
KAIOSAMA: MALDAD ETERNA.
KAMISAMA: INFIERNO ETERNO.
ENMASAMA: PECADO ETERNO.
REY YOMMA: TODO LO ANTERIOR JUNTO Y ENCIMA ETERNO.

Se habla del famoso planeta Hame Kusein. Si nos remontamos a su origen etimológico, de cuando Confucio decía que 2 más 2 era 5, esta palabra significaría “lugar tormentoso” (lugar con muchas lluvias y humedad excesiva, no recomendable para pasar vacaciones).

El dragón se llama Shairon, antiguo demonio que se robaba el trago desde la antigüedad.

En fin, estas series son de mucho peligro para aquellas personas que las vean, ya que es Satanás quien se manifiesta cuando las pasan: en este mismo momento, zas, se aparece al lado. ¡¿NO LO VEN?! ¡ESTÁ AHÍ, TENGA CUIDADO!. ¡NO, NO SE VOLTEE, NOOOOOO!.

Disculpen, un lapsus. Decía que estas serie envene­nan a la gente con sus claras connotaciones, inyectando maldad, espíritu de pelea, mentira y cosas negativas para todo aquél que las vea.

Ahora, la gente que va a ver sus películas no se percata (por estar en pleno chape y chape) de que al inicio de ellas sale un flash con una luz potente de la cual la gente ni se da cuenta (pero nosotros nos dimos cuenta, o sea que no somos gente). Este flash es un recurso subliminal ampliamente utilizado por las compa­ñías chinas para que la gente quede impactada con la película y quiera volver a verla una y otra y otra y otra y otra y otra vez; se crea así una adicción en los niños y de paso deja a los padres misios para poner plata en nuestras alcancías, maldita sea. Fin.
Para la próxima edición, “La historia negra de Poké­mon” (y para la siguiente: “La historia negra de lo que venga después”). Cómprela antes de que se agote.

Noticias
Los días 26, 27 y 28 de noviembre se llevará a cabo el congreso de jóvenes titulado “Cómo evitar que te vendan medias con hueco”. Inscribirse con anticipación. Vacantes limitadas. Cualquier consulta con el director (y si lo encuentras pásame la voz, que ya me debe cinco quincenas).

Recital musical
El sábado 30 de febrero se realizará el esperado recital de música criolla combinada con el más puro jazz clásico de la puna. Pasa la voz.

Shoujo Kakumei Utena

Una bella jovencita con uniforme de muchacho, duelos y espadas, extraños castillos que flotan en el aire, una privilegiada escuela, un misterioso príncipe que promete amor eterno. Y rosas, muchas rosas, de todos los colores y sabores, tantos como la variedad de sentimientos que alberga cada uno de nosotros. Tal es el extraño universo en el cual Utena Tenjou deberá realizar, a su manera, su propia “revolución”.

Desde los Gatos Samurai, pasando por Tetsuan Atom y la corta serie de televisión (en donde sobresale la gran actuación de Ricky Martin) Urayasu, el género shoujo ha cambiado bastante. Allá por los años 40, cuando el mangaka (de profesión médico obstetra) Satoshi Urushihara, al plantear la radical idea de hacer un anime en donde una jovencita se enamora de un jovencito con cara de mermelada, no hubiera imaginado que hoy en día se llegaría a la gran variedad que el género tiene.

El origen de la obra anteriormente mencionada es toda una anécdota, ya que el mismo día se le ocurrió que fuera humillantemente choteado por una conocida suya, la cual (inteligentemente) sólo lo quería “como un amigo”, pues estaba templada de un luchador de sumo de 300 kilos, cuando él pesaba unos miserables 50. Esta situación bochornosa no lo ayudaría a superar su complejo de inferioridad, pero lo ayudó a enfocar sus esfuerzos en lo único importante que le quedaba de su patética vida: un trabajo que encontró como articulista (con seudónimo) de una revista de información de aquella época, de la cual no sobresalió más que como un nombre en los créditos de la primera página.

Hablando un poco de la serie, esta proviene del género Shoujo. Este shoujo, “Shoujo Kakumei Utena”, quiere decir traducido: “Utena, la joven agitadora”. Contrariamente a lo que dice una conocida revista de información del medio, no se divide en arcos de historia, sino en sagas (créanme, yo soy más inteligente). Esta serie, como es obvio, guarda relación con una más antigua del mismo género, para el cual sirve de continuación, al ser su protagonista principal una de las nietas de la conocida Oscar François de Jarjayes o “Lady Oscar”.

Historia
La historia gira alrededor de una chica común y corriente, a la que le gusta vestirse de mujer, llamada Utena Tenjou, la que en sus años de infancia sufre la irreparable pérdida de sus padres en un accidente. Lo paradójico es que esta desdicha le permite conocer a la persona más importante de su corta vida, quien la deja marcada emocionalmente para siempre. Tras esta simple presentación se inicia esta historia, que el espectador podría confundir con un shoujo simplón común y corriente, algo que se descartará en episodios posteriores. Efectivamente, una promesa de amor, chicos bonitos y ese estilo delicado haría pensar ello. Una característica saltante es la aparición de objetos en ciertos momentos de la historia que en un principio no concuerdan con el momento, como también la presentación de objetos claves que portarán los diferentes protagonistas.

Ahora bien, cuando de púber Utena pierde a sus padres, recibe el consuelo de este misterioso personaje, quien después de darle un beso (el cual creo que fue con todo y lengua) le entrega un anillo con una rosa repujada y le da la esperanza de que algún día se volverían a encontrar. Años después, ella ingresará al colegio Ohtori (de apariencia seudoaristocrática y algo afrancesada), el cual es manejado prácticamente por un grupo de estudiantes que forman el llamado Seitokai. Estos se batirán en combates brutales llenos de sangre y violencia sin sentido en donde, gracias a los más grandiosos mechas imaginados por el ser humano, apostarán, aparte de dinero, a una chica llamada “Angi” para poder revolucionar al mundo. Una razón personal, aunque no confirmada por mí mismo, es que ella puede conocer una fórmula matemática súper secreta, creada por su padre, la que como un virus informático es capaz de borrar la memoria de cualquier computadora del mundo, y al eliminar todos sus datos, cual bolsa de valores de New York, aprovechar el caos y así tener una oportunidad para… ¡tratar de conquistar al mundo! (narf).

Al ser humillada su mejor amiga por uno del Seitokai, Utena no dudará en pelear por el honor de Wakaba. Saionji, confundiéndola con un nuevo miembro del Seitokai, aceptará su reto por la novia. En un combate desigual, ella le ganará, sólo gracias a la espada de filo contrario que fuera de su abuela la que, por coincidencias de la vida, compró de un ambulante al frente del colegio. Al ganar, Saionji dejó de ser “la rosa” de la novia, titulo que le caía a pelo. Según las reglas del Seitokai, quien gane el duelo tendrá a la Novia de la Rosa (con todos sus accesorios), como de su “propiedad”.

Luego se irán conociendo a los demás personajes, que desde los más altivos a los más sumisos, esconderán cada uno una meta distinta de la de los demás. Huelga decir que, a lo largo y ancho de la serie, Utena tratará de responder las preguntas que más aquejan a una joven adolescente: “¿Quién soy?”, “¿Dónde estoy?”, “¿Habré contado bien los días?” y, por supuesto, “¿Cuánto me van a pagar por hacer esta serie?”.

Exagerado simbolismo
Tratar de explicar la trama en sí es sencillo, tanto que se podría decir que posee una iconografía similar a las series del más alto vuelo. Es indiscutible que Shoujo Kakumei Utena guarda semejanza con un anime muy parecido a él, el cual no posee las características fundamentales que lo definirían como una serie adelantada a su tiempo. Por ejemplo, la autora de Lady Oscar se basó en la Revolución Francesa de 1789 como escenario de su obra, tomando como personajes a individuos que en realidad existieron, como Enrique VIII o María Antonieta de las Nieves. En cambio, la de Utena, tratando de que la trama sea más fluida, se esmeró en llevar las relaciones de los personajes a un ámbito ultracultural y sulfuroso, y a la vez envolverlas con cada episodio en un aura de cada vez más desaliento y desilusión, para alterar de esta forma el final adelantado. Por obvias razones, se veía venir desde el instante en que uno nota la gran influencia histriónica del opening de la serie, el cual hace que uno quiera ir al baño antes de que la hamburguesa que comió en el almuerzo quiera salir en forma etérea del local antes que el espectador mismo.

Siguiendo con la explicación y ateniéndome por las observaciones hechas por el común espectador, el cual al ver y comparar el mismo con los demás sin lugar a dudas llegará a la conclusión de que al final la cosa no era como él esperaba, sino que es, en un sentido de la palabra, diferente, o sea provocará en él una interrelación de términos allegados a la coyuntura general de su apreciación, todo esto al notar que la trama contada hasta ahora no encaja con la versión que le explicaran con más detalles en la revista Sugoi #10, antes de empezar a leer este articulo de porquería.

En fin. Viendo la serie desde el punto de vista teológico, se podría decir que es una de las producciones más coherentes que se han hecho y con uno de los finales más alentadores hacia la gracia e introspección del ser humano, al resaltar los valores que cada día pierde la humanidad mientras avanza hacia un milenio distante, pero cercano, el cual le prepara nuevas metas y decisiones. Como seguir leyendo este artículo o buscar un baño donde poder vomitar todo lo leído con anterioridad.

Bueno, yo me despido. Espero que este artículo haya despejado todas sus dudas y comentarios acerca de este sensacional juego de OVAs. Ahora bien, yo me voy a cobrar un jugoso cheque por mi trabajo, el que hice con tanto esfuerzo.

Con la seguridad de que ustedes han sido bien instruidos en el mundo de Akira Toriyama y con la conciencia de que nada de lo escrito es plagio de ningún tipo, me retiro, no sin antes dejarles las direcciones de las cuales he sacado la información para que ustedes mismos se percaten, por si el folklore periodístico llegara a afirmar lo contrario:

www.ta*queinocentes.com
www.quevivoquesoi.com
www.pagina-vacia.com
www.quetal_com.cha./me~mando.sincom
www.tengo/unpata/en/TVmás.com

Y estas son sólo unas de las miles que he usado, así que chaufa.
(Investigación: Martín Javiérez, amigo del Panda).

Me parece que he leído esto antes… En fin, si el Oso Panda dice que lo escribió él solo, debemos creerle (yo no le creo). ¡Cómo cunde el mal ejemplo! (El editor)

Los socios del Club (2)

Y aquí termina el recuento de socios de Club Sugoi. A partir del próximo mes, esta será la página de publicidad. Je, je, je… (el editor).

Los encuestafóbicos: son seres guturales que se hacen bolas por tan sólo entregar un simple papel con algunos miserables datos cuando han tenido 30 minutos para hacerlo en paz y tranquilos. Al final de la reunión, en la salida, se les pide dejarla y estos pasan de largo haciéndose los tercios, como si no la hubieran recibido o no hubieran visto a los patas que la recogen. Es casi imposible no ver a estos quebrándose la garganta al grito de “encuesta, encuesta, por favor su encuesta”. Son inmisericordes con los pobres muchachos, con esas abnegadas personas a las cuales no sólo se les debe dar la encuesta, sino también una propina por su ardua labor. Unos les dicen: “Ya entregué”, y se ríen todavía, confirmando que no lo han hecho (y que ni tenían pensado hacerlo), mientras los más avezados la vuelven bolitas de papel y las lanzan contra los susodichos para ver si aciertan, los muy malvados. O también la entregan doblada en tantas partes que cuesta mucho desdoblar, para que al final sólo sean un papel en blanco, con datos incoherentes o con dibujitos al reverso (¿tanto se aburren en la reunión?). Yo me pregunto: si se entregan las encuestas a la totalidad de los socios, pero sólo pocos la devuelven, ¿qué es lo que hacen con las encuestas no devueltas? Mmmm, ya me dio cosa. Lo que consuela es que el papel es muy duro para algunas cosas y muy delgado para otras (aparte que la tinta se corre). Y por favor, a esos que les gusta sacar a relucir su nivel de inteligencia al escribir tonterías como: “qué te importa”, “no tengo”, “fan art #500”, “proyecten Mi pequeño pony”, etc., desistan de su actitud. O inventen algo mejor. Ya aburren.

Los futbolistas: malvados entes deportivos que se dedican a machetear y golear a “portentosas” escuadras, conformadas por unos pobres e inocentes dibujantes, productores, editores, columnistas y demás. Sólo se aprovechan de su juventud y la gran fortaleza física que dios les dio y de que los “portentosos” no hacen más deporte que incli­nar el codo (¡salud!), acercar la silla a la mesa, presionar el botón del microondas, abrir la puerta, etc. Son los mismos que consideran tender la cama como deporte de alto riesgo. Se sabe que los deportistas se reúnen en grupos y les gusta sacar a pasear su copa de campeonato, pero no porque quieran dar a conocer su superioridad futbolística ni vanagloriarse con el aplastante triunfo obtenido, NO. Lo hacen simplemente porque la copa también se debe aburrir en casa. Así que, mayormente, si no la están llevando al club, la sacan a pasear al parque para que se reúna y juegue con otras copas de campeonato, que también se deben aburrir en casa. Ahora los futbolistas están en busca de auspiciadores para posteriores campeonatos, auspiciadores como Nintendo, Casa Matushita, Los hijos ilegítimos del Dalai Lama, etc.

Los que hacen lío: son gente con aires de shoot-fighters que buscan el pretexto más insignificante para armar la gorda. Que yo sepa, no porque alguien te esté dando un servicio se le tiene que exigir sumisión. Casos como: “Ya me he cambiado de grupo, ¿por qué tanto problema con el carnet?”, “- Pero, señorita, la foto del carnet es de un hombre“, “- Ah, es que así era yo antes de regresar de Marruecos”. Y si no son ellos, es gente ajena al club: “- Un ratito, entro y ya regreso, voy a dejar a mi hija”, “- Claro, vaya”. Total, hasta ahora estamos esperando que salga el infeliz (aunque este entra también en la clasificación de conchudo clínico). Otro: “- Que mi hijito está adentro y me lo tengo que llevar urgente a la fiesta de los Moncada Vivanco y Ferreira en la Molina Alta. Rápido, llámenlo”, “- Pero, señora, estamos en plena función, no podemos…”, “- Enciendan las luces, entonces. Hijito, hijiitoooo, aquí está tu mami”, “- Señora, no podemos encender la luz, entienda, espere un poco y tal vez….”, “- ¡Ah, no! Yo me voy a quejar a la más alta de las autoridades”. Y se quejó a la más alta de las autoridades, lo malo es que hasta ahora no baja de Cerro de Pasco.

Los que piden Karaoke: ya antes he hablado sobre este peligroso mal, el cual fue causado por un letal virus que provino del Japón y todo el rollo que me mandé la vez anterior. Si no leen el periódico mural, piña.
a) Los “Karaoke Nodo Jiman” Childrens: son una variante de la anterior. Sólo que estos ya no piden karaoke. Lo conforman aquellos que se quemaron al ver en este concurso una oportunidad de lanzarse como estrellas del pop, cuando en realidad la finalidad de este programa -que aparenta ser un concurso de canto- no es encontrar talentos y promocionarlos (como Trampolín a la Fama), sino apreciar las regiones que visitan, sus paisajes y tradiciones, y recolectar las raras especies del lugar para el National Geographic, ponerlos frente a un micrófono y dejarlos hacer el ridículo frente a millones y millones de compatriotas y el resto del mundo vía cable. Y por si no lo sabían, estuvieron en el Perú haciendo lo mismo, sólo que aquí fue más divertido, ya que convocaron a un grupo de autóctonos para que traten de articular el milenario idioma japonés (cuando tienen problemas para articular el que les impuso Pizarro). Así que quienes se hicieron ilusiones, tal como lo hizo una conocida mía que dijo a viva voz cuando la escogieron en la preselección: “Sí, esta es mi oportunidad, oportunidad para salir de ese miserable colegio y dejar este trabajo de medio tiempo lavando aviones. Ya nunca más tendré que coquetearle al profesor de matemáticas para que me haga pasar el examen. Al fin dejaré esa choza que llamo casa y a esos huanacos que llamo amigos. Van a descubrir mi ecualizada voz y me conocerán internacionalmente. Pronto haré dúo con Ricky Martin y estaré protagonizando estúpidas novelas, en donde la empleada siempre se enamora del hijo del dueño. Chúpense esa”. Piénsenlo dos veces.

Los Dragonboleros: ¿les gustan acaso “Los Panchos” o “La hora del bolero”? ¡CLARO QUE NO! Son sólo los amantes de Dragon Ball, Dragon Ball Z y todas sus sucursales. Son aquellos que se saben desde el primer lugar donde orinó Goku fuera de casa hasta qué calzoncillo usó Vejita cuando tuvo la buena idea de morirse (sí, esta ya salió). Para reconocer a un dragonbolero en la calle, en una reunión o en tu propio lugar de estudios, sólo empieza a silbar la tonadita de: “Vamos a buscar… las esferas del Dragón…”, y vas a ver cómo no uno, sino más de veinte, se animarán a seguirte por instinto natural en un coro de “Do” de pecho (pronto saldrá un test para que despejes tus dudas de si realmente eres un dragonbolero o sólo pura finta. Espéralo).

Los que esparcen rumores: son del tipo de los que les gusta meter la duda y la incertidumbre en el fanático. Son los que especulan, creen, alucinan y se regocijan al aumentarle trama a las series. Lo malo es que hay gente que les cree y a su vez también colaboran con su granito de arena en la desinformación. Si Pancho le contó algo a José, esto no será lo mismo que María le diga a Raquel, porque si Pancho vio una foto de Goku en Super Saiya 3, a Raquel el chisme llegará como que Gainax ha hecho un anime cuyo personaje principal es Gendou Ikari, quien luchará por el amor y la justicia al batirse en duelo por la Novia de la Rosa. Y que este no la tendrá tan fácil, pues se enterará de que su madre lo abandonó en el hogar de Pony para ir a buscar trabajo y la tendrá aún peor cuando le digan que si no encuentra las siete esferas del dragon en menos de un año, no podra subirse al Escaflowne y así correr las quinientas millas de Indianápolis en el Mach 5 y encontrar al príncipe que un día le dio un anillo y le dijo que nunca perdiera la nobleza de su corazón. Fin. Claro, y no conformes con ello, rumorean con una convicción tal que es dificil no creerles, que Gainax ha dicho que el primer beso de Arima y Yukino es el que provocó el Tercer Impacto, o que Shinji es primo de Arima, o que el colegio de Yukino era el antiguo colegio de Shinji, que Lain ya la están pasando en televisión en otros países y que Sugoi es malo porque no quiere proyectarlo. O que el Oso Panda es Waldo y demás. Estos buscan darle sentido a todo lo que ven e inventan lugares, personas y situaciones que nada tienen que ver con lo tratado, y al final ellos son los que menos creen en lo que dicen. La evolución final de este tipo de otaku llegará a un punto tal en que la fantasía los controlará y se confundirá la realidad con la ficción. Entonces dirán que se están pareciendo cada vez más a Kenshin.

Bueno, suficiente esto de analizar a los socios. Agradezco a todos los que se sintieron identificados con mis personajes, en especial a la socia del primer grupo que me inspiró a continuar con el mencionado artículo.

La razón principal es que ya deben haberse aburrido, porque el editor ya se aburrió y yo ya me aburrí. Hasta al guachimán creo que ya le caigo repetitivo. Así que el mes siguiente será un acercamiento, nada psicológico, a una serie llena de lapiceros, personajes ambiguos, patas que lanzan rosas y que quieren revolucionar al mundo. Bueno, ya se imaginarán de qué se trata…. Sí, es Evangelion… Claro, por supuesto.
Y como él mismo dice, ha llegado el momento de cambiar de tema. Por lo pronto, a la salida de tu reunión, cuando lo veas pidiendo encuestas, sonríele al Panda. O puede rajar de ti.

Los socios del Club (1)

El Panda de Versalles
El Panda de Versalles

¡Y volvió el Panda! Más rajón que nunca, más fijón que siempre. Y a pedido del público, vuelve a “comentar” acerca de los socios de Club SUGOI.

Dije que lo haría, y lo estoy haciendo. Les presento otra forma de explotar nuestros defectos al límite del suicidio. A estos compatriotas los he podido observar deambulando tanto por las instalaciones del club, como fuera de ellas:

El estereoafónico: la música es su vida, el pop japonés su credo. Miembro honorífico de la New Age, busca calmar su necesidad de cariño con la música a todo volumen y se realiza tarareando su canción favorita. Lo encontrarás en todo momento, incluso en los más íntimos, con un Walk Man o un Disc Man en la mano. Los psicólogos opinan que, aparte de desprenderse así de su cruel realidad, el mismo acto de colocarse los audífonos tiene para ellos un significado casi místico, pues también le permite entrar en un nirvana musical. Esto les hace olvidar el hambre, las guerras y de que deben al club más de cinco mensualidades, por lo que nadie sabe cómo diablos se está colando. Y cuando usan los D.M. con pila baja son brutales, ya que con cualquier movimiento se desconfigura la maquinita y por lo tanto tienen que estar en un equilibrio cero. “¡No me muevas, que se apaga!”, “camino despacio, no tengo apuro”, “cuidado, hay una grada”, “mientras no haya temblor, no hay problema”.

Los Moonies: es la otra forma clínica de decir “muerte cerebral”, “estado catatónico” o “vegetancia ambulante”. Es una palabra coloquial que describe la ineficacia absoluta del cerebro para proferir palabras coherentes. Más contagiosa que la verruga o la uta (y de síntomas más horribles), es la maldición de los profesionales de la salud, ya que ningún libro de patología los preparó para esto.
– ¿Cómo está mi hijo, doctor?
– Lo siento, su estado es delicado. Tendrá que decidir: o lo salvo de perder un pulmón, un riñón y parte de su hígado, o lo salvo de ser… un moonie.
-Bueno, él no usa mucho su riñón, aparte que el aire está muy contaminado en Lima…
– Mmm… ¿Me los puedo llevar en un frasco como recuerdo?
-Claro. Trato hecho, destrípelo nomás, doctor.

Los que forman clubes: son subsociedades dentro de otra subsociedad. Entre ellos tenemos a:
a) Los Three Light Hysteric Fans Multi Club: admiradoras en su mayoría (aunque nunca falta uno que otro traidor) de un trío de ambiguos personajes que pasaron, como jugando, la capa de ozono, los radares norteamericanos y la termósfera (última capa de la atmósfera) con sus más de mil grados centígrados (¿será por eso que están quemados/as?). Hicieron todo un viajecito, pasando galaxias enteras, meteoritos, luchando con zentradis a brazo limpio (y choreándole de seguro su tabla al “Silver Surfer”) para encontrar a “su” princesa, por razones no muy claras todavía. Pero viéndolos/as vestir sadomasoquistamente (con látigo, esposas y uno de esos adefesios a pilas), no me es muy difícil adivinar los motivos por los que la buscan.
b) Club de la Rosa: conformado por los que practican esgrima y usan a sus amiguitas como alfiletero.
c) Club de los Chicos Bonitos: son bellos, y nadie les puede negar que son la última chupada del mango. Son los “playboys del barrio”: usan aretes, raya para a un lado, son feministas y siempre le buscan conversación a una chica con un romántico: “¿Qué hay, flaca…?”
d) Club de los que guardan la cabeza de sus mejores amigos: presidente, Shinji Ikari; vicepresidente, Kamui. Hacen paseos y excursiones. Y si quieres formar parte, sólo córtale la cabeza a tu amigo más cercano e inscríbete (pero primero pídele permiso).

El otaku del futuro: ha regresado al presente para informarnos de la grave amenaza que ocurrirá en nuestro tiempo. Unos androides aparecerán en una isla cercana a la ciudad del oeste a las 10 y 30 de la mañana y… ya saben todo el rollo.

Los tardones (a pedido de una socia del primer grupo, si alguno se siente ofendido, quéjense con ella): inocentes miembros que, por malas jugarretas del destino, han llegado tarde a todas las reuniones de su grupo excepto una, el mismo domingo que curiosamente ningún conocido cumplía años el día anterior y que una suficiente lucidez -por la ausencia de alcohol en el organismo- les concedió la gracia de diferenciar una combi que se dirigía a la Huaca China de otra que iba por la Av. Arequipa. O que con excusas como “se le pinchó una llanta al burro”, “se olvidaron el pasaje”, “quisieron pagar universitario el domingo”, “el chofer era bizco”, “era domingo”, “son flacos”, “el día estaba nublado” (¿mencioné que era domingo?), quieren evitar responsabilidades posteriores. Y para colmo, además de olvidar sus papeles para constatar que existen en el club, quieren pasar casi de inmediato para no perderse el primer capítulo de la proyección. Y si no lo ven, le echan la culpa al encargado y exigen que lo repitan. Los tardones que tienen el coraje (por no llamarlo con… ciencia) de admitir que lo son aún tienen posibilidades de cura: deberán buscarme urgentemente para darles el tratamiento respectivo (con electroshock).

Las parejas: sobrehormonados tórtolos que quieren darse el gusto de sacarle filo a la herramienta a plena luz del día con los 998 socios restantes, invitados y demás rajones presentes, de quienes esperan les hagan barra en su entrenamiento previo a la pelea por el campeonato mundial, que tendrá al pasto del parque como lona y al serenazgo de réferi. Lo hacen inconscientemente, no para provocarnos hipócritas reacciones puritanas como “mira a esos desvergonzados”, o “dios mío, en qué mundo estamos”… No. Lo hacen para que les demos aliento, con frases como: “sigue así, Pepe, ya llegas”, “no, más a la derecha”, “yo tengo fe en que José Antonio lo va a lograr, yo tengo fe…”. Chicos, está bien que les guste el shoujo, pero no exageren. Qué envidia.

Los rajones: intelectualoides que no tienen otra cosa que hacer que jorobar la paciencia a otro cuadrúmano como ellos. Esos que dibujan y vienen en pares son los peores. Hacen del raje su forma de vida, a costa de que la enamorada -que no sabe qué diablos le encuentra al asunto de divertido- los plante. Sus notas ya parecen hemorragias y sus neuronas les piden chepa, pues ya no aguantan trabajar hasta feriado.

Los contrabandistas: especialistas en el arte de pasar cosas para ofrecerlas al mejor postor a bajos precios y así hacer quebrar a la empresa por ganancias no adquiridas. Sus modalidades cambian según el sexo de la persona: las mujeres envuelven el cassette VHS pirata dentro de esos trapillos que causan escalofrío al más recio (porque ya se imaginan para qué son). Mientras ellos esconden las revistas hentai dentro de los libros de literatura, matemáticas y demás (como si alguien creyera que pueden estudiar estando en la reunión).

Las abusivas: féminas que ostentan en mayor grado las cosas que a los cavernícolas les gustan tanto. Licras ajustadas y escotes pronunciados son sus principales armas, que usan sin importarles en lo más mínimo provocar una ebullición hormonal en el organismo del baboso de turno que las esté mirando. O también la divagación de ideas no santas (del mismo baboso) hacia una zona geográfica específica de su cuerpo, que no es su rostro por si acaso. Qué tal par de Genkidamas.

(Este raje continuará.)

El día domingo ha llegado (3)

Y así acaba el “ciclo del Panda”. Su revista MASAKA se alegra de haberles podido ofrec… ¿Cómo?… ¿va a haber más? ¡EEEHHHHH!(pobre del hígado del editor)

Está demás decir que para este momento ya has ubicado el sitio en donde esa parte de tu “humanidad” va a estar apoyada el tiempo que dure la función. Pues bien, no sé si te habrá ocurrido que, cuando ya estás todo amoldado y tranquilo, algo te golpea de pronto en la nuca, pero no sientes dolor; al contrario, es como un rebote, un no sé qué, casi, casi… Placentero. Luego escuchas un -Disculpa amigo, fue sin querer- palabras que salen de los delicados labios de una chica visiblemente sonrojada por lo sucedido, ya que por error de cálculo rozó esa “gloriosa parte” de su “humanidad” -sobresaliente en forma estratosférica- cuando trataba de pasar impolutamente por el estrecho espacio que hay entre fila y fila para ocupar su asiento respectivo. Mi consejo para cuando te suceda esto (si eres tan piña que no te haya pasado) es, lejos de enfadarte y agredirla verbalmente, simplemente contestar -No, al contrario, gracias a ti, cuando quieras…-. En otras palabras, debes responderle como el caballero (que dices) que eres y dejar en alto (posición que hemos ocupado desde tiempos inmemoriales, tú me entiendes), el honor del cavernícola, digo, del hombre. Pero si aún estás buscando asientos, no cometas el error que cometió el amigo de un amigo, el cual -no sé si no se dio cuenta o no sabía- ocupó un espacio de la fila reservado para el sacrosanto Comité Organizador. Ese día, el pata estaba con la “cabeza caliente”, pues el día anterior le había pasado de todo: uno, rompió con su flaca (que en realidad era la flaca de otro y para ser sincero le rompieron a golpes a él); dos, lo cuadraron entre 15 por Javier Prado y lo dejaron calato por Magdalena, y tres, su vieja le dijo que era adoptado y que no lo quería. En otras palabras, el pata no estaba para aguantar pulgas chinas. Ese día, para variar, llegó tarde a su reunión, así que no tuvo más remedio que buscar hasta que encontrara lugar, y lo encontró en la fila de adelante de la mezzanine, donde todos los asientos estaban sospechosamente vacíos. Ni corto ni perezoso, se sentó en uno de ellos, sin advertir que algo raro pasaba por la expresión de los socios circundantes, como diciendo “¿Quién es este suicida?”.
Después de unos 15 minutos, una mano ya estaba golpeando su hombro mientras una taciturna y ronca voz, típica de aquellas personas a quienes la vida ha golpeado mucho -en la cara para ser más exactos- le decía: -Ése es mi sitio, amiguito-.
Su respuesta fue inmediata: -Oye, no me jorobes-.
Volvió a hablar el recién llegado: -Ésta es tu última oportunidad, te sales o…-.
Lo dijo con un tono impávido, que fue respondido con otro violento: -¿Por qué mejor no te vas antes de que te dé vuelta?-, a lo que el casi taciturno personaje respondió: -Como quieras. Seguridad, llévenselo.
Los de seguridad preguntaron: -¿Usamos la catapulta o la tortura mayor”-. -La catapulta aún no lo limpian desde la semana pasada, mejor usen la otra-. -OK-. -El castigo será profundo y doloroso-, y se lo llevaron con rumbo desconocido. Para las reuniones siguientes, él era otro; estaba como psicotizado. Desde ese día trataba de sentarse lo más lejos posible. Claro, y es que obligarlo a ver una maratón completa de los Tele Tubbies es como para volver estúpido a cualquiera.

Al terminar uno de los segmentos de la proyección vienen los intermedios, tiempo suficiente para salir a estirar las piernas, ir al baño o comer algo. Se podría decir que el 90% de la población prefiere comprar sus alimentos en el local por diversas circunstancias, tales como que se olvidaron el menjunje en casa, que la mamá cocine peor que Akane o que las chicas digan en casa que están a dieta para que la mamá no les mande nada (mientras aquí las tienen que amarrar para que no se zampen toda la salchipapa), y demás. El resto lo conforman los que no piensan gastar un miserable sol para satisfacer un capricho tan vano como comer (o sea los tacaños). Finalmente están los que tienen sus propias viandas. Entre ellos hay un grupo de los que traen su almuerzo pero no quieren que los demás sepan que han traído su almuerzo. ¿Se paltearán? Son capaces de comer hasta con sorbete por evitar que los vea alguien (arroz por arroz). Algunos fingen amarrarse el pasador y comen abajo (o sea, se amarran el zapato durante media hora). En el otro grupo están los más liberados: traen su mesa desplegable, sombrilla, mantel y florero. Ellos sí comen bien. Tú le preguntas a uno de ellos qué ha traído, y como si fuera cosa de todos los días te responde: -Salí rápido de mi casa, causa, algo simple: pollo a la pamplemousse, fondue bouguignon, huevos de codorniz con salsa chaud-froid, boeuf a la strogonoff y de postre bavarois con ambrosía. ¿Y tú?-. -Eh, yo también salí tarde, traje pan con mantequilla a la… cordonbleu… Sí, a la eso-, y ahí terminas la conversación.

Claro, tú te preguntas si todo lo que te mencionó en realidad es comestible o que desde el principio te estaba lorneando, y con esa duda en el alma te vas a llevar tu pan a la boca. Pero después viene el problema de comer rico; lo hayas traído o lo hayas comprado, todo el piso se llena de basura. A veces hay tanta, que se te cae una moneda y jamás la encuentras. Si caminas, pierdes tu taba. Encuentras de todo, desde botellas vacías hasta huesos de pollo. Los que se sientan en la última fila, como es inclinada, hacen competencia de qué bolita de Tico Tico llega primero; es increíble. Si las cosas siguen así, Sugoi pronto abrirá la primera chanchería legalizada de Lima (que competirá con las del Cono Norte y Sur; capaz les ganamos). En verdad, tenemos que ser más cuidadosos con el aseo del lugar; respetemos un poco más este colegio por más que no sea nuestra alma máter (y si lo es, más aún), que nos ha permitido usar sus instalaciones tanto para las proyecciones como para un torneo deportivo últimamente (del cual hay números cabalísticos de 9 y 1 que no voy a mencionar). Mi recomendación sería ésta: si has traído comida en un taper, trata de no dejar restos en el suelo. Del mismo modo, no dejes envolturas de galleta, hamburguesa o restos de salchipapa. Si te dan ganas de botar algo al piso, guárdalo en el bolsillo, espera hasta llegar a tu casa y así, con el sosiego de un mártir católico, lo botas en tu tacho… Es tan simple. Bueno, fin de la parte seria (ya cumplí con el editor hasta el próximo milenio).

El segundo y tercer “break” son casi iguales al primero, sólo que, después de gastar toda tu plata en el primero, tienes que decidir entre un “card” de Utena o ir caminando a tu casa, y si vives en Cerro Ermitaño invasión 164, peor aún.

Te recomiendo que para entonces ya hayas llenado tu encuesta y tengas pensado entregarla; pero llénala con cosas que valgan la pena, no con preguntas como “¿Van a pasar DragonBallGT en canal 7?”, o “¿AfiSub va a sacar Conan… el Bárbaro?”, y la última, “¿en dónde enterraron a Vargas?”… Diozu. Ah, y va también para esos graciosos que escogen el Fan Art #25 cuando sólo hay 24 en concurso. Asimismo, voy a responder al socio que pregunta qué debe coleccionar un verdadero otaku. La respuesta es simple, primero colecciona todas las salidas de Afi Sub y después ya veremos (también cumplí con el administrador hasta el próximo milenio). Supongo que ya habrás recogido tu Masaka; has tenido tres oportunidades para hacerlo.

Por último, la salida. Y como siempre lo he dicho, lo bueno no dura para siempre; el ending suena, la gente se levanta, las luces se encienden, sales al pasadizo (a entregar tu encuesta) y, después de media hora de abrirte paso heroicamente, sales a la calle. Unos se irán en taxi, otros en combi, otros no se irán, no sé; pero lo que es seguro es que todos se van satisfechos por haber visto la mejor animación que hay en este mundo. Está demás repetirles cuál es.

¿Y el susodicho? Nos olvidamos de nuestro sufrido otaku. Bien, si tienes la paciencia de esperar a que todos salgan, al final se escapará de tu vista y podrás divisarlo luego lejos en el horizonte, fusionándose a cada paso que da con el infinito cielo, directo a encontrarse con su calurosa familia que lo recibirá con un almuerzo frío, la puerta con candado, el perro que nunca lo reconoce en la calle y una pregunta en la punta de los labios: ¡¿Por qué dejaste encendida la plancha a las 5 de la mañana, sopedazo de bestia!? Pero ésa ya es otra historia.


Nota: Quiero aclarar que no he pretendido ofender a nadie (*Mentira), con los comentarios anteriores (*Falso). De haber herido alguna sensibilidad, pido disculpas (*¡Es un maldito mentiroso!). El fin de este artículo es que, al vernos, nos podamos reír de nosotros mismos (*¡Hipócrita!), ya que todos tenemos un poco de cada uno de los “casos” mencionados (*¡¡Quiere expiar culpas, no le crean!!). Pero aun así faltan más casos (*Eso sí es verdad, me consta).
* mi conciencia

El día domingo ha llegado (2)

Una nueva entrega del Oso Panda. Y más de sus “aventuras” en Club Sugoi. Cualquier parecido con personas (o socios) no es coincidencia. Es a propósito.

(Bueno, continuemos con la lista de especímenes, luego de esa brutal interrupción del cruel editor).

– Los locos hentai. No pueden faltar los que llevan polos con alusiones eróticas (tienen a Sailor Mercury en una posición muy poco católica). Si miras bien sus rostros es como si se dijeran ellos mismos: “Sí… Soy sexy, soy atrevido… Deséame”. Los reconocerás por su sonrisa media macabra.
-Los que nacieron juntos. Son los que llegan en jauría y ocupan de golpe tres cuartos de toda una fila; en un momento no hay nadie y al segundo siguiente ¡puf!, hay tres detrás de ti; te rascas la nariz y aparecen diez detrás de los anteriores; te pones tu casaca por el frío y los dos que estaban atrás ahora están adelante. En fin.
-Los samaritanos. Son los que guardan sitio para “uno” y después en el “uno” entran como treinta. Entre los mismos los encuentras haciendo círculo en la cola contándose chistes, burlándose de lo lento que es el VW rojo de su pata, comentando que es tan lento el carro que apenas lo enciendes inclina el asiento, te sirve café y te pasa una frazada para el largo camino hasta la otra cuadra (qué bueno es tener amigos, siempre lo he dicho).
-Las comadres. Si afinas bien tu oído, podrás escuchar un cuchicheo sólo imperceptible para el oído no entrenado (es decir, sordo). Pero no te asustes, son sólo las chicas practicando su deporte favorito, hablar, hablar, hablar. A continuación, te ganarás con los chismes marca “Puñalada por la espalda” : “Van la quiere más”, “No, Allen la quiere más” , “Hitomi es una babosa, no se da cuenta de que el tarado se muere por ella”, “Sabías que la nueva chapa de Janet es Lilith… porque al final todos se fusionan con ella” (chiste de Kaio-sama, ríanse).
– Los intelectuales. Analizan problemas de alto peso filosófico como qué pasaría si Goku come frijoles antes de hacer la Genkidama, o hace cuánto tiempo Hitomi no lava su uniforme (¡¡agg!!).
-Los amigos por un día. Camaradas que por razones de tiempo sólo se encuentran en las proyecciones, y durante ellas aprovechan para hablar de su vicio favorito.
-Los estrategas, que hacen mediciones geométricas y trigonométricas (calculando temperatura, presión, costo del dólar, etc.) para poder establecer su “sitio ideal”, en donde ni Margarito Machahuay, usando gorro charro, pueda interponerse entre ellos y la pantalla y desde donde puedan ser los primeros en llegar al baño (porque eso sí, cuando urge, urge, y no hay que “Espera que no sale” o “Aguanta que no lo encuentro”; son momentos en los que aflora el instinto de conservación (de los pantalones secos).

9 y 30 a.m. Bueno, aún estás en la fila cuando en eso oyes al señor Calvo alinear a la muchedumbre: A ver, en orden, hagan cola aquí los que tienen recibo y carnet, aquí los que tienen carnet sin recibo, aquí los que traen invitados, aquí los que tienen invitados con carnet sin recibo, aquí con invitados, sin carnet y sin recibo; hagan otra cola los que perdieron el carnet, aquí los que perdieron el carnet y el recibo y aquí los que perdieron el carnet, el recibo y al invitado… A ver, a ver, tarjeta dorada al otro extremo, hagan espacio para que pase la señora de la chicha, gracias. Viene un socio y dice: “Señor, yo tengo mi carnet y mi recibo, pero mi invitado no sé cómo ha entrado antes que yo y se los ha llevado”, y Calvo contesta: “Pucha, voy a tener que inventar otra cola. Hey tú, ya te vi, no te coles”; “¡Qué cosa, a mí, al “Akio” de Mirones Bajos! ¡…Are, ajo…!”.

Ya adentro, 10 y 30. Con la misma seriedad con que se toma un temblor, la gran masa humana pugna por entrar al local. Ya en el interior se revisan por seguridad mochilas, bolsos o paquetes a la mano, y ese día justo te gradúas de piña: olvidaste dejar en tu casa el puntero láser con mira telescópica que usaste para tu exposición “Formas de apareamiento de los suspiritos azules”, en la clase de pendexada artística del psicólogo WaldinskyKrolchenko. Analizando bien las cosas, tienes dos caminos: o te resignas a salir del club por las buenas (sin roche), o expones con gran elocuencia (citando a Fidel, Lenin y demás grandes hombres que haya parido madre alguna) el derecho que tienes de malograrle la vista a quien te dé la regalada gana porque para eso pagas tu plata. O también, después de algunas aclaraciones, puedes dejar en custodia el susodicho puntero y de paso dejas esa película que te prestó tu pata, ésa de la que dices: “Pero mamá, es sólo una clase de anatomía humana, me lo prestó mi amigo Alfredito”, y ella pregunta: “Ah, sí, ¿y cómo se llama?”, a lo que tú respondes con cara de inocente: “DragonPink, ma’…”.

El periódico mural ya está puesto y hay cosas interesantes, pero no puedes detenerte; tu meta es conseguir asiento lo más cerca posible de la pantalla, y es que si nadie ha prometido guardarte un lugar tienes que correr como alma que lleva el diablo. Y cuando te pones a leer el periódico mural, empiezas leyendo el editorial y terminas dándole los buenos días al portero del colegio. Lo curioso es que tu nunca te moviste; te movieron, que es diferente. Y de regreso a tu lugar, cuando se juntan los que “vienen de ida” con los que “van de vuelta”, se produce un choque de masas; tu avanzas y el de adelante te pide que retrocedas; pero hay un pata alto y con cara de pocos amigos detrás de ti, que tomaría muy mal si te le pegas demasiado, por lo que tratas de retroceder lo menos posible. Eso sí, guardar lugar está prohibido, pero si es uno solo no creo que haya tanto problema. Sin embargo, hay gente con una con…ciencia eclesiástica increíble; se sientan al inicio de la fila y dejan la mochila al otro extremo. Dice el conchudo: “Uy, lo siento choche, están ocupados”, y tú respondes: “¡¿TODA LA FILA?!.. ¿Y dónde están?”; a lo que el conchudo replica: “Eh, se han ido al baño”.

Después (ya adentro) de las respectivas palabras de bienvenida y antes de empezar la función, aparece en la pantalla, entre truenos y relámpagos, el logotipo de Sugoi, y también se da algo que se ha hecho costumbre: todos abuchean en mancha; uno grita, el del costado lo sigue y después pregunta ¿por qué gritamos?, y así. Hacen alboroto como si eso fuera todo lo que van a ver, y por menos de cinco segundos que dura se desesperan. ¿Están con prisa? ¿Ya se van? Yo recuerdo cuando en las maratones de San Marcos (ni siquiera las del club), lejos de causar lo de ahora, lo tomaban como lo que es, el inicio de algo maldito. Pareciera que fue el año pasado (diablos, sí fue el año pasado).

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Si sigue así, el Oso Panda va a estar en “vías de extinción”. Muy pronto vamos a revelar quién es, para que los socios lo puedan conocer “de cerca” (el “cruel” editor).

El día domingo ha llegado (1)

Desde esta página, dedicada a la difusión del evangelio de Waldo y la predica de su primer mandamiento, que reza “rajemos los unos de los otros”, les hacemos emocionada entrega de las Crónicas de una Reunión. El mundo no es igual desde los ojos de un otaku…

5 y 5 de la madrugada, domingo. El sol aún no sale y parece que no va a salir (hace un frío de la madre patria). Con una mochila ya gastada, un taper con chanfainita de almuerzo, una botella de Coca Cola (llena de agua) y con un carnet de socio veinte no sé cuántos bajo el brazo, se ve a un personaje anónimo (que no soy yo, por si acaso) salir de su covacha. Como todos los domingos, desde que tiene memoria, va hacia un punto que ya es conocido y casi una casa para él: el colegio Champagnat. Dirán, qué crueldad es salir de su camita caliente y tener que estar esperando (más solo que Cuasimodo el 14 de febrero) en el frío y malo paradero. Pero no, él no estaba solo. De la nada apareció una pequeña manchita de mil para hacerle compañía (claro, sospechó que algo malo pasaba cuando empe­zaron a mirarle las zapatillas y a preguntarle cuánto había costado su reloj). Éste sólo atinó a sonreír y saludar cortésmente mientras ace­leraba el paso (no por miedo, quiero aclarar, sino que recordó que ése no era su paradero). Pero corrió con mucha suerte (quince cuadras hasta que se cansaron de perseguirlo).

5 y 48 de la mañana y 19 grados Celsius. Se sube a la primera combi.

6 y 33 de la mañana. Con la misma finura con la que te reciben un billete de 20 soles para pagar medio pasaje un día laborable, el suso­dicho cayó, no del verbo “no decir nada”, sino del verbo “aterrizar”, y lo hizo de cara justo en la puerta del colegio. Curiosamente no fue el único; otros masoquistas como él habían llegado antes, claro que tenían la mirada fija hacia el horizonte y no respondían a los saludos que se les daban. No les dio importancia, aunque parecían estar en un estado cata­tónico semejante al que te produce la acu­pun­tura china, ver a tu profesora de nido sin ropa (fue accidente lo juro) o el escuchar en la puer­ta de tu casa por 3 horas el sermón de un evan­gelista -que entre palabras de “salvación” y “pecado” no sólo te insta a cometer suicidio sino también a desempolvar tu Biblia y refu­tarle en su cara el dogma desde el evangelio según San Waldo hasta el de San Luis, pasan­do por las demás aguas minerales.

7 y 34 de la mañana. Después de enseñar al serenazgo tus papeles 20 veces y jurarles por las once mil vírgenes que no eres ni terrorista ni maniático sexual, se ven las primeras seña­les de vida inteligente, ¡Ah no!, eran sólo un par de reporteras de “El Comercio”. Pido disculpas.

8 y 3 de la mañana. La gente está empezando a llegar y el ambiente ya se presta al diálogo. Aunque nunca antes se hayan visto, no se conozcan, no sepan quiénes son o quiénes fueron antes de la cirugía, todos ellos tienen algo en común: quieren disfrutar de la mejor animación que hay de este lado del hemisferio. Éste es el momento en que puedes dar con los diferentes tipos de otaku que hay.

Entre ellos, menciono los más significativos:
-Los detallistas, que no andan con rodeos y van directamente al grano sobre temas con­cretos. Si tratan de modelos de Valkyries, hablan del tipo, peso, número de serie, año de construcción, etc. No se preocupan de saber quién mató a Kaji sino qué desayunó el ase­sino esa mañana. Lo demás es secundario.
-Los saurios, piezas de arqueología dignas de estar en un museo, sin mencionar su olor a manga guardado. Los reconocerás porque siem­pre inician una frase así: “Déjame recordar….”.
-Los intocables. No son de este mundo pero se han dignado a bajar al nuestro. Ellos no pre­ten­derán hacer nada más que ver la “función”, y tratarán de evitar, sobre todos los medios, el contacto físico con otros seres (porque les da roncha). La institución les importa un pepino sue­co. Piensan que “camaradería” es una pa­labra de 11 letras que no significa gran cosa. Si les preguntas qué opinión tienen de tal o cuál te responden con un gesto incomprensible y te dejan hablando solo. Si por ellos fuera, nadie, exceptuándolos, tendría el derecho de entrar con cabeza al club para no estorbarles la vista a la pantalla. Del mismo modo, se mo­lestan contigo si haces un ruido tan exagerado como pestañear, tomar agua o rascarte una oreja. Por suerte esta especie está casi extinta.
– Los muy amigables. Si los anteriores caen mal, éstos sí dan miedo. Sólo necesitas pre­gun­tarle la hora para que te cuente hasta del callo que le sacaron la otra vez a su abuelita. Es como abrir la caja de Pandora mientras los miras hablar (porque hay un momento en que ya no hablas, sólo escuchas). Entre respuestas casi reflejas, te preguntas mentalmente: “¿Cuándo vas a callarte? ¿Será humano? Hace media hora que estoy mirando para otro lado, ¿no entiendes indirectas, verdad?” (en momentos como éste, a uno se le cruza por la mente cosas como que la eutanasia no debe ser tan mala después de todo).
-Los recontrafanáticos. Tú crees que eres afi­cionado y ellos te hacen ver tu realidad. Se identifican mucho con su personaje favorito. Por ejemplo, recuerdo en una maratón a una púber con bolitas en el cabello a lo Sailor Moon (aunque me gustaría ver en las reu­niones a las ya creciditas, a lo KekkoKamen)…

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Nota del editor.- Al igual que a Waldo de SUGOI, al Oso Panda no se le puede dar toda la revista para que raje de nosotros. Pero paciencia, que este raje… continuará