El día domingo ha llegado (2)

Una nueva entrega del Oso Panda. Y más de sus “aventuras” en Club Sugoi. Cualquier parecido con personas (o socios) no es coincidencia. Es a propósito.

(Bueno, continuemos con la lista de especímenes, luego de esa brutal interrupción del cruel editor).

– Los locos hentai. No pueden faltar los que llevan polos con alusiones eróticas (tienen a Sailor Mercury en una posición muy poco católica). Si miras bien sus rostros es como si se dijeran ellos mismos: “Sí… Soy sexy, soy atrevido… Deséame”. Los reconocerás por su sonrisa media macabra.
-Los que nacieron juntos. Son los que llegan en jauría y ocupan de golpe tres cuartos de toda una fila; en un momento no hay nadie y al segundo siguiente ¡puf!, hay tres detrás de ti; te rascas la nariz y aparecen diez detrás de los anteriores; te pones tu casaca por el frío y los dos que estaban atrás ahora están adelante. En fin.
-Los samaritanos. Son los que guardan sitio para “uno” y después en el “uno” entran como treinta. Entre los mismos los encuentras haciendo círculo en la cola contándose chistes, burlándose de lo lento que es el VW rojo de su pata, comentando que es tan lento el carro que apenas lo enciendes inclina el asiento, te sirve café y te pasa una frazada para el largo camino hasta la otra cuadra (qué bueno es tener amigos, siempre lo he dicho).
-Las comadres. Si afinas bien tu oído, podrás escuchar un cuchicheo sólo imperceptible para el oído no entrenado (es decir, sordo). Pero no te asustes, son sólo las chicas practicando su deporte favorito, hablar, hablar, hablar. A continuación, te ganarás con los chismes marca “Puñalada por la espalda” : “Van la quiere más”, “No, Allen la quiere más” , “Hitomi es una babosa, no se da cuenta de que el tarado se muere por ella”, “Sabías que la nueva chapa de Janet es Lilith… porque al final todos se fusionan con ella” (chiste de Kaio-sama, ríanse).
– Los intelectuales. Analizan problemas de alto peso filosófico como qué pasaría si Goku come frijoles antes de hacer la Genkidama, o hace cuánto tiempo Hitomi no lava su uniforme (¡¡agg!!).
-Los amigos por un día. Camaradas que por razones de tiempo sólo se encuentran en las proyecciones, y durante ellas aprovechan para hablar de su vicio favorito.
-Los estrategas, que hacen mediciones geométricas y trigonométricas (calculando temperatura, presión, costo del dólar, etc.) para poder establecer su “sitio ideal”, en donde ni Margarito Machahuay, usando gorro charro, pueda interponerse entre ellos y la pantalla y desde donde puedan ser los primeros en llegar al baño (porque eso sí, cuando urge, urge, y no hay que “Espera que no sale” o “Aguanta que no lo encuentro”; son momentos en los que aflora el instinto de conservación (de los pantalones secos).

9 y 30 a.m. Bueno, aún estás en la fila cuando en eso oyes al señor Calvo alinear a la muchedumbre: A ver, en orden, hagan cola aquí los que tienen recibo y carnet, aquí los que tienen carnet sin recibo, aquí los que traen invitados, aquí los que tienen invitados con carnet sin recibo, aquí con invitados, sin carnet y sin recibo; hagan otra cola los que perdieron el carnet, aquí los que perdieron el carnet y el recibo y aquí los que perdieron el carnet, el recibo y al invitado… A ver, a ver, tarjeta dorada al otro extremo, hagan espacio para que pase la señora de la chicha, gracias. Viene un socio y dice: “Señor, yo tengo mi carnet y mi recibo, pero mi invitado no sé cómo ha entrado antes que yo y se los ha llevado”, y Calvo contesta: “Pucha, voy a tener que inventar otra cola. Hey tú, ya te vi, no te coles”; “¡Qué cosa, a mí, al “Akio” de Mirones Bajos! ¡…Are, ajo…!”.

Ya adentro, 10 y 30. Con la misma seriedad con que se toma un temblor, la gran masa humana pugna por entrar al local. Ya en el interior se revisan por seguridad mochilas, bolsos o paquetes a la mano, y ese día justo te gradúas de piña: olvidaste dejar en tu casa el puntero láser con mira telescópica que usaste para tu exposición “Formas de apareamiento de los suspiritos azules”, en la clase de pendexada artística del psicólogo WaldinskyKrolchenko. Analizando bien las cosas, tienes dos caminos: o te resignas a salir del club por las buenas (sin roche), o expones con gran elocuencia (citando a Fidel, Lenin y demás grandes hombres que haya parido madre alguna) el derecho que tienes de malograrle la vista a quien te dé la regalada gana porque para eso pagas tu plata. O también, después de algunas aclaraciones, puedes dejar en custodia el susodicho puntero y de paso dejas esa película que te prestó tu pata, ésa de la que dices: “Pero mamá, es sólo una clase de anatomía humana, me lo prestó mi amigo Alfredito”, y ella pregunta: “Ah, sí, ¿y cómo se llama?”, a lo que tú respondes con cara de inocente: “DragonPink, ma’…”.

El periódico mural ya está puesto y hay cosas interesantes, pero no puedes detenerte; tu meta es conseguir asiento lo más cerca posible de la pantalla, y es que si nadie ha prometido guardarte un lugar tienes que correr como alma que lleva el diablo. Y cuando te pones a leer el periódico mural, empiezas leyendo el editorial y terminas dándole los buenos días al portero del colegio. Lo curioso es que tu nunca te moviste; te movieron, que es diferente. Y de regreso a tu lugar, cuando se juntan los que “vienen de ida” con los que “van de vuelta”, se produce un choque de masas; tu avanzas y el de adelante te pide que retrocedas; pero hay un pata alto y con cara de pocos amigos detrás de ti, que tomaría muy mal si te le pegas demasiado, por lo que tratas de retroceder lo menos posible. Eso sí, guardar lugar está prohibido, pero si es uno solo no creo que haya tanto problema. Sin embargo, hay gente con una con…ciencia eclesiástica increíble; se sientan al inicio de la fila y dejan la mochila al otro extremo. Dice el conchudo: “Uy, lo siento choche, están ocupados”, y tú respondes: “¡¿TODA LA FILA?!.. ¿Y dónde están?”; a lo que el conchudo replica: “Eh, se han ido al baño”.

Después (ya adentro) de las respectivas palabras de bienvenida y antes de empezar la función, aparece en la pantalla, entre truenos y relámpagos, el logotipo de Sugoi, y también se da algo que se ha hecho costumbre: todos abuchean en mancha; uno grita, el del costado lo sigue y después pregunta ¿por qué gritamos?, y así. Hacen alboroto como si eso fuera todo lo que van a ver, y por menos de cinco segundos que dura se desesperan. ¿Están con prisa? ¿Ya se van? Yo recuerdo cuando en las maratones de San Marcos (ni siquiera las del club), lejos de causar lo de ahora, lo tomaban como lo que es, el inicio de algo maldito. Pareciera que fue el año pasado (diablos, sí fue el año pasado).

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Si sigue así, el Oso Panda va a estar en “vías de extinción”. Muy pronto vamos a revelar quién es, para que los socios lo puedan conocer “de cerca” (el “cruel” editor).

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